sábado, julio 28, 2007

La experiencia Miletera en Madrid

En la sala Costello, Sal y Mileto, miércoles 25 de julio.


Me acerqué al Chilango para averiguar el estado de la taquilla. Al enterarme, respiré y dije ni modo. Me fui a cantar: "por viaje a Venus,vendo mis penas, dos ancianas y tres bicicletas... solo al contado...", el sonido del lugar era perfecto y los muchachos estaban entregados, pero no había la cantidad de rockeros que esperaba. Claro, es miércoles, me recriminé. Madrid podía darme una despedida amarga, ahora que estoy a punto de terminar la pasantía en el diario y que ya preparo maletas para el gran retorno. Pensaba que el día y la hora no eran adecuados, que las estrategias de promoción no fueron acertadas, que les había fallado a los Miletos y a mí mismo. Con sacrificio de parte y parte, Sal y Mileto y yo habíamos conseguido la sala Costello para continuar su gira por Europa. Pero el milagro se dio, la gente fue llegando poco a poco y ya (el Chilango se cagaba de risa con la situación diciéndoles a la uruguaya Maru, a Laurita una gran amiga mexicana, al nicaraguense Olmedo, y al guatemalteco Eswin, que la situación parecía la película de los gremlins: que me habían echado agua y de pronto esa sala se había llenado de criaturas que decían qué fue loco, o habla proeshor, o qué del putas, o chugcha qué buenazo). Ya había quedado atrás la práctica en una sala de ensayos en Lavapiés, las entrevistas, las tensiones previas a un concierto... todo eso, incluido el hecho de que tenía que presentar la monografía de final de curso, que me faltaba el último capítulo, pero que fue más importante estar con mi banda preferida, con mis amigos (en la práctica del martes, el Franco se dio cuenta de que estaba emocionado, y me dijo que era chévere que lo disfrutara tanto. Soy su fan, le respondí. No pana, nosotros no tenemos fans, tenemos amigos, me contestó antes de tocar la KZta Telephone. Para mi eso era suficiente). Pero bueno, en la sala Costello estaban un montón de ecuatorianos orgullosos de ver a un grupo llamingo que sonaba a sonidos de futuro, también estaba el pana Esteban Bustamante, un quiteño que vive cinco años en Madrid y que montó su banda de hardcore Sin Piedad, quien puso plata, persona, tiempo, carro, buen ánimo, su ampli de guitarra (y casi el del bajo), y luego 20 litros de cerveza para el botellón de Lavapiés, o sea un verdadero pana de los Miletos, sin pedir nada a cambio. También el amigo José, que desde el inicio solo tenía ganas de ayudar a conseguir entrevistas, locales para la tocada, o repartir hojas volantes. Y los Miletos se dieron el lujo de hacer un conciertazo, cantando "porque tienen que devolvernos los 500 años de choreo". Los madrileños, sorprendidos. Dándose cuenta de que no eran ni un grupo pop ni una copia de más una banda de metal, sino un un grupo distinto, original. Sus aplausos fueron sonoros, muy sinceros. Mientras que nuestros compatriotas bailaban su mosh desenfrenado, porque acá en España no hay pogo, y es genial ver que nuestras costumbres rockeras siempre son más apasionadas, más reales. Al final, los miletos salieron con sus instrumentos a la intemperie, Soraya Constante nos ofreció su casa para dejarlos allí. Al salir del local los miletos se quedaron estupefactos: 40 emocionados rockeros los estaban esperando para ver lo que iban a hacer, a ver si podían seguirlos. Y la banda agradecida empezó a caminar, y todos empezaron seguirlos, no se cansaron de verlos, de hablar con ellos, de pegarse un trago o compartir un cigarrillo, caramelos o un poco de chocolate. Igor me confesó que esto nunca les había pasado, que la gente los siguiera por cuadras y cuadras a la espectativa de meterse a un bar a chupar y a hablar de música. Qué bueno que haya sido en Madrid, y que la gente haya salido contenta. El botellón en Lavapiés fue genial. Era como estar en Quito, pero más bacán, pero más nostálgico, porque después de todo, los miletos regresan a Ecuador, pero la mayoría de la gente que los aplaudió seguirá en Madrid... ¡¡¡sho, Karajo!!!!!!!
En la sala de ensayos


En la estación del metro Meléndez Pelayo, Sal y Mileto y Esteban Bustamante, de la banda Sin Piedad.

domingo, julio 15, 2007

Tres días de silencio (Metallica)

Burgos


La niña que levita y el perro que no la deja elevarse.


Reflejo


Catedral, ciudad y turistas


La puerta de Burgos y dos peregrinos new wave.

San Sebastián (País Vasco)

Cae la noche en San Sebastián, O Donostia (en euskera, el idioma del País Vasco).




¿Me amarás? ¿hasta el final del día? O ¿hasta el final de nuestros días?


Un paseo cerca del mar Cantábrico





Otra catedral vascuense...
Bilbao
Metallica se presentaba en Bilbao. Así que para evitar pagar hotel, viajé por la noche. Sabes, tuve toda la mañana para conocer Bilbao, que en realidad ellos, los vascos, llaman Bilbo. Decidí caminar y en eso me encontré un malecón, muy moderno,lleno de jardines y con una vista muy agradable. Me hizo recordar mucho al de Guayaquil. Así pasé todo el día, conociendo la ciudad, en unpuente colgante metiéndome en calles insospechadas, pintadas con graffitis alusivos a ETA, tomando sidra en bares pintorescos. Sabes, cuando tuve sueño tomé el funicular con la esperanza de encontrar un jardín en la montaña, lo hallé y descansé un par de horas en la grama... cuando llegó la noche me enfilé al lugar del concierto. La verdad, me abrumó la cantidad de gente. Estaba muy cerca del escenario, pero se me ocurrió la brillante idea de ir por un kalimotxo (vino con coca cola, la bebida más popular del País Vasco). Para cuando regresé miles de personas me separaban de aquel punto.Decidí no enojarme mucho,aunque vos sabes como soy. Yo pensé que tocarían canciones del disco negro, pero apenas hicieron las dos baladas y Enter Sadman, y se dedicaron a divertirse. Fue conmovedor verlos tocar las canciones del Kill`m All, del Ride the Ligthning y sobre todo del Master of Puppets (tocaron canciones seguidas,tal cual el disco: Battery,seguida de Master, y así...una locura, creo que ese disco está grabado con una afinación a medio tono más bajo que los dos primeros trabajos, por lo que se notó claramente que James Hetfield lo gozó hasta la locura ahora que los registros altos de su voz cada vez son menos realizables). Ese era un concierto para ellos. Me fui extasiado con dos horas de concierto en las cuales no tocaron ni una canción del último disco, lo cual refuerza mi teoría de que venían a disfrutar de su popularidad y de sus mejores canciones, las del pasado. Luego,en el otro escenario tuve la oportunidad de ver a Incubus, una banda con una fuerza una frescura que me impresionó. Por suerte tengo dos discos de ellos y no eran unos desconocidos para mí. La pasé muy bien, el problema fue ir a buscar un lugar para dormir, terminé recostándome en una silla de la terminal de buses que era al aire libre. A las 5 de la mañana abrieron el metro y ahí pasé hasta las 6.A las 7 tomé el bus que me llevó a San Sebastián, una hora más de viaje y de sueño y allá empecé a caminar por esta ciudad cercana a la frontera con Francia, buscando hostal y calles que sorprendieran. Era un poco ya lo visto en otras ciudades, pero a las 12 encontré un hotel y dormí hasta las 6, con una necesidad similar a la de comer, así de deliciosa. Caminar por las playas fue maravilloso,ver el mar cantábrico me hizo sentir que todo había valido la pena y así, caminar,caminar,probar los pintxos, las sidras y a la una de la mañana otra vez en el Hotel. El siguiente día lo dediqué para ir a Burgos para conocer la ciudad del Cid, y su catedral que es el pináculo de la arquitectura gótica. Fueron tres días maravillosos, en los que hablé solo lo necesario, porque pedir algo de comer no es hablar. No sé si alguna vez hayas vivido eso, es necesario hacerlo alguna vez en la vida. Fueron tres días maravillosos, que no voy a olvidar.
1.- Autorretrato en el funicular.
2.- Puente de Zubuzuri
3.- Museo Guggenheim y La Araña (estatua)
4,5,6 y 7.- Concierto de Metallica en Bilbao.